Parece ser que los pilotos que salían por detrás de Hevia llegaron al lugar del accidente y se encontraron el coche totalmente dañado sin que ningún control les avisara del peligro con las banderas amarillas. Los coches llegaban muy deprisa a una zona rápida y bacheada. Hasta que, tras el paso del vehículo número siete, se decidía la neutralización del tramo, los piotos que se encontraban en pista sólo eran avisados por sus compañeros.
Dani Solà, que estaba en el lugar de los hechos, fue quien se dirigió en busca de un puesto de seguridad para comunicar lo sucedido y alertar para que avisasen a dirección de carrera de que parararan la salida de vehículos desde el control de tramo.
Al paracer, y como forma anecdótica, el piloto de Vic tuvo que insistir y recordarle al control que era él quien estaba dando la señal de parar la carrera para que en dirección de carrera supiesen que no era el criterio de un aficionado, sino el de un experimentado piloto, y que la situción podía ser grave.