Es una obviedad. Prestar asistencia a 137 vehículos es más molesto, costoso, no preferible, a prestar asistencia a 90 vehículos. También es conocido, que si todos participantes inscritos llegaran a la segunda semana, ASO tendría problemas para prestar asistencia a todos los pilotos, ya que en su planificación cuenta con los abandonos, algo que era aún más patente en la época africana.
La segunda etapa de esta edición del Dakar entre Villa Carlos Paz y San Juan estaba elegida a conciencia. 518 kilómetros por zonas de todo tipo, destacando más de 100 kilómetros de tedioso fesh-fesh a los cuales la mayoría de los pilotos llegarían al caer la noche. Antes, se tendrían que enfrentar a temperaturas de hasta 42 grados centígrados en una zona sin un solo árbol en el que guarecerse, sin un lugar donde buscar agua.
Pilotos de motos deshidratados, desorientados por el agotamiento, a los que la organización no puede prestar ayuda, en zonas donde no hay lugareños que puedan asistir, una zona que cruza la línea de la dureza para pasar a la crueldad, de la aventura, a sufrir por supervivir. Desde la disputa del Dakar en américa, han sido numerosos los avisos, las advertencias, pero ASO no parece cambiar en sus objetivos.
Tras lo ocurrido en 2014, cuando se halló muerto al belga Eric Palante tras pasar la noche en el desierto en la dura etapa “criba”, una etapa en la que muchos participantes se perdieron, en la que la organización se vio desbordada por las peticiones de asistencia médica, una etapa que se tuvo que neutralizar, una etapa que además de un fallecimiento nos dejó imágenes tan duras como la de Enric Martí delirando desnudo por el desierto cuando afortunadamente fue encontrado por Gerard Farres.
Solo un año después, se vuelve a repetir la historia. La segunda etapa volvió a tener temperaturas extremas, deshidratación, y de nuevo la organización se vio obligada a neutralizar la etapa, pidiendo a los pilotos que salieran a carretera y evitaran el desierto. Y de nuevo, a consecuencia de esta dureza extrema, nos volvemos a encontrar un fallecimiento. El del polaco Michal Hernik, que fue encontrado sin vida, alado de su motocicleta, sin el casco, sin signos de accidente, tras sufrir con toda probabilidad un golpe de calor. Un cuerpo que no aguantó afrontar sin descanso la segunda y tercera etapa.
En coches, la etapa criba se salda con 40 eliminados. La primera etapa dejó el abandono del Audi de Michele Cinotto y el Foton de Luis Eguiguren. La segunda etapa, o mejor dicho, la mezcla de la segunda y la tercera etapa, que algunos intentaron enlazar sin descansar, se saldó con 40 abandonos.

Un camino lleno de trampas, que provocó numerosas roturas en participantes, también accidentes por colisión entre participantes, atropellos, como el sufrido por Xavi Montero. 36 participantes no lograron terminar la etapa a tiempo. Entre ellos numerosos participantes españoles, como Fernando Alvarez, como Jesús Henriquez-Navarro, como Ramón Vila y Pedro Juan Olmo Gonzalez, como un más que enfadado Ignacio Corcuera, que no entendía la dureza de esta etapa. También quedó fuera el copiloto Oscar Montano, que acompañaba al boliviano Rolando Careaga.
Otros pudieron terminar la etapa, como el caso de Omar Gandara, Tom Coronel, Oscar Monaco o los participantes españoles del Acciona Dakar eléctrico, Albert Bosch y Agustín Payá, sin embargo, fueron excluidos por la organización con motivo de no haber cubierto suficientes paso de control obligatorios. De las 161 motocicletas,ya están fuera 22, de los 45 quads, 8 no han superado la prueba. Hasta 4 camiones, con etapas más cortas y maquinas casi indestructibles se han quedado por el camino.

Quizás ha llegado el momento en que ASO deba dejar de jugar con la ilusión y el dinero de aventureros dejando de diseñar etapas destinadas a dejar fuera a un buen número de participantes nada más comenzar la aventura.