Se barruntaba ya desde los albores de la temporada. Y el capítulo final del culebrón francés está a punto de comenzar... Pocos pilotos tienen el privilegio de llegar al equipo más fuerte del campeonato en su tercera temporada con un WRC, y hacerlo además en las mismas condiciones que su compañero de equipo, nada menos que el piloto más laureado de la Historia del Mundial, para ocupar el puesto de un español que durante cuatro años obedeció las órdenes como nadie en pos de los intereses colectivos de la marca.
Pero, gracias a Olivier Quesnel, Sébastien Ogier tuvo la suerte de enfundarse la primera equipación del equipo rojo, y recibió carte blanche de parte de su jefe para correr todo lo que gustase. Ese trato de favor, junto a la rapidez del chico de Gap, generó una guerra interna entre los dos pilotos galos que se pronosticaba ya desde hacía meses sin necesidad de hacer una visita al oráculo de Delfos; y es que estas cosas suelen ocurrir cuando se juntan en un lugar dos hombres que persiguen los mismos objetivos...
La renovación de Loeb y las nuevas condiciones de su contrato han hecho que la situación de Ogier dentro del equipo tenga poco que ver con la de hace unos meses. Por mucho que le pesase, Quesnel, su principal valedor, tuvo que dictar órdenes al chico de Gap en Alemania y Australiade que le perjudicaban en beneficio de su compañero, el jefe de filas del equipo; directrices que eran el pan nuestro de cada día cuando Sordo ocupaba el papel de escudero, y que, sin embargo, parecían haber quedado en el olvido cuando fue Ogier quien asumió ese puesto.
Pero la suerte no ha estado del lado de Loeb precisamente en el preciso instante en que parecía haber recuperado el respaldo de su marca, y sí ha sonreído, en cambio, a Ogier, justo cuando había perdido ese estatus de igualdad para con su compañero, en el momento en que ya estaba pensando cambiar de aires... Cosas del destino. Y, ahora, como si tuviera que resolver una situación a la que sabía que debería hacer frente tarde o temprano, Quesnel se encuentra en la tesitura de ver que los dos pilotos de su equipo, su pupilo, y el líder al que sus jefes obligan a tratar como tal, encaran la recta final del campeonato separados por sólo tres puntos, a falta de dos rallyes que deberán resolver el nombre del Campeón...
"El gran peligro está en la esquina azul (Ford): Hirvonen. Ésa es nuestra principal preocupación. Después, Sébastien Loeb es el líder del equipo, entonces veremos qué sucede", ha declarado Quesnel, al dictado de la versión oficial, echando balones fuera, como si cada palabra que pronuncia le sirviera para liberar gramos de esa presión que deberá soportar sobre su figura hasta que el tiempo, y los tramos de Gran Bretaña, pongan a cada uno en su sitio la primera quincena de Noviembre.