Las aguas del Atlántico coloreadas de azul esmeralda que bañan Mar del Plata, una ciudad de la costa este argentina con nombre de paraíso en la que los edificios y los turistas le ganan terreno al mar, como si del Levante típicamente español se tratara, será el punto de partida de la próxima edición del Dakar, el santuario donde la grupa de valientes que se atreva a desafiar al rallye más duro del mundo cargará la mochila de ánimo y amor propio antes de comenzar la aventura.
La etapa del 1 de Enero será la primera de un total de catorce que llevarán a los participantes por Catamarca, los Andes, Atacama, Copiapó, Arica, y después Perú, que se adhiere al rutómetro con cuatro etapas a través de Tacna, Arequipa, Moquegua e Ica. En conjunto serán 9.000 kilómetros de desafío hasta llegar a la elegante Plaza de Armas de Lima, la jornada que los 'dakarianos' tendrán marcada con rotulador rojo en el calendario, la última estación de una travesía que viajará de este a oeste, del Atlántico al Pacífico.
El objetivo ya no será volver a circular por las calles bonaerenses, las mismas que recorriste dos semanas antes con una mezcla de ilusión, nervios y miedo a lo desconocido. Atrás quedará ya la espectacular 'largada' en Buenos Aires, con el Obelisco como telón de fondo, confeti por los aires y miles de 'tuercas' jaleando a los héroes del desierto: el estandarte junto a Atacama de la reconversión dakariana acaecida tras los incidentes de 2008, los responsables de vaciar ese veneno africano que, dicen los entendidos, te obliga a volver irremisiblemente a ese continente que no sabemos si algún día descubrirá de nuevo la estampa de la caravana del Dakar cruzando las dunas mauritanas. Porque ahora la aventura, y el negocio, se concentra en el Cono Sur. Porque el rallye se disputa en verano. Porque ya no se llega al Lago Rosa. Porque los espectadores son en buena medida turistas. Porque ya es 'otro' Dakar.