Un joven noruego, rubio, acneico, con cara de buen estudiante y atuendo underground fue el protagonista en el primer capítulo de esta nueva era del Mundial que dio comienzo en la primera etapa del Rallye de Suecia. Al sueco Andersson le pudo el ansia por hacer vibrar a su público, y volcó en el primer tramo. Entonces Mads Østberg aprovechó que los primeros gallos del corral le limpiaban la pista para aliarse con el cronómetro en los primeros tramos, uno de ellos celebrado dentro de las fronteras de su país, y, como en un sueño que empezaba a parecerse a la realidad, encontrarse liderando una vez finalizada la primera parte de la etapa.
Por la tarde la nieve dejaba más protagonismo a la gravilla. En este terreno los primeros en salir se vengaban por el correctivo que les habían infligido los segundos del pelotón mientras ellos pasaban las de Caín abriéndose paso entre el blanco elemento. De todos ellos el único que intentaba aferrarse al dúo de cabeza formado por Østberg y Hirvonen era Petter Solberg, que se mostraba como el Citroën DS3 WRC más rápido, credenciales de un piloto que aspiraba a conseguir un volante oficial. A pesar de una penalización el noruego consiguió agarrarse al tercer peldaño del podio por delante de Latvala, cuya carrocería hablaba a las claras de la garra del finlandés... Henning Solberg volvía a brillar sobre la nieve, especialmente en el tramo de su país, y lograba acabar la etapa por delante de Ogier, que comenzaba un poco dormido pero enmendaba un error en un cruce marcando el primer scratch del Citroën DS3 WRC, otro tanto que sumar a su expediente. Su jefe de filas Loeb tuvo una primera etapa complicada, primero abriendo carretera y después por un pinchazo que cortó su remontada cuando estaba empezando a destacar. Mañana será él quien salga desde atrás, encontrándose los tramos como pasarelas después de que los primeros le marquen el camino. Intentará la remontada, pero Østberg no está dispuesto a que le trunquen su sueño juvenil.