El pasado martes tuvo lugar un encuentro muy especial. Como un abuelo que conoce a su nuevo nieto, joven, moderno, apuesto, viendo en él al relevo generacional, al encargado de portar el apellido familiar cuando el anciano, ley de Vida, tenga que marchar; así fue como el equipo Mini se reencontró con la Historia al juntar las dos perlas de su trayectoria en los rallyes, una que ya brilló y otra que quiere seguir el mismo camino que su antecesor: el Cooper S y el Countryman (con especificaciones de S2000), pasado y futuro, vieja gloria y nueva promesa.
El encuentro se produjo en el "Monte", el rallye donde el "anciano", el Cooper S, gestó su leyenda en las gélidas carreteras de las montañas francesas. Ahora el prestigio adquirido por su antecesor recaerá en el Countryman, que paseará el nombre de la marca angloalemana por los tramos del Mundial de Rallyes. Los dos posaron juntos, uno al lado del otro, ambos con los mismos motivos que han caracterizado siempre a la familia: rojo encarnado -como el de los autobuses londinenses- para los flancos y portones, y techo en blanco inmaculado: los mismos tonos que vestirá el Countryman, como mandan los cánones, con motivo del regreso familiar al Mundial.
Y, como no podía ser de otra manera, al acto también acudieron los estandartes de la marca, los de ahora y los de siempre, es decir, los licenciados Daniel Sordo y Kris Meeke y los reservistas Paddy Hopkirk y Rauno Aaltonen, vencedores del Montecarlo en los años 1964 y 1967, respectivamente.
Después de tan especial encuentro, el Countryman y sus dos pilotos se trasladarán junto al equipo Prodrive a tierras españolas para seguir trabajando a fondo en el desarrollo del coche. Su puesta de largo no se producirá hasta el 13 de Abril en Oxford, ambiente puramente británico, en la casa familiar. Durante su primera aparición pública en la primavera será cuando realmente deberá dar lo mejor de sí mismo en la costa sarda. En estos meses debe prepararse a conciencia para ese momento. Todos tendrán fijadas sus miradas en él. La honra y el peso de la familia los llevará implícitos en el apellido.