El gran rival con el que tuvo que lidiar Sébastien Ogier en el Rallye de Portugal no estaba en la pista, sino en su propio cuerpo. Una inoportuna y virulenta gripe que llevaba arrastrando dos semanas a punto estuvo de dejarlo fuera no solo del Rallysprint de Fafe, sino, también, del rallye. El galo hizo de tripas corazón y decidió, finalmente, salir a correr, sin demasiadas convicciones de que pudiese aguantar todo el recorrido. Nada más abrocharse el casco, el chico de Gap se dio cuenta que, además del virus, tendría que lidiar a lo largo del fin de semana con dos perros de presa que llegaron al Algarve dispuestos a morder en el cuello de una vez al líder del Mundial. Primero Mads Østberg y, a continuación, Dani Sordo, pusieron contra las cuerdas en la primera jornada a Seb, que, a pesar de no haber elegido la monta teóricamente más propicia (fue el único que calzó blandos), aguantó el tipo antes los envites de sus dos oponentes antes de que el hambre de victoria de ambos les dejase fuera de juego en el primer cuarto del recorrido.
A partir de ahí, el rallye se convirtió en un camino de rosas para Ogier, que dominó la etapa del sábado a placer, al alimón con su compañero Latvala, en una jornada memorable para la historia de Volkswagen. El pescado parecía más que vendido en los puestos del mercado a primera hora del domingo. Las cosas se figuraban inamovibles. Pero, entonces, Sébastien se encontró un nuevo escollo que le salió al paso en la recta final del rallye.
El embrague de su Polo R WRC comenzó a patinar en la primera especial del domingo, ocasionándole una pérdida de más de medio minuto. Ese repentino incidente, conjuntado con la rotura de palier que sufrió Latvala, hizo saltar todas las alarmas en las carpas blancas de Volkswagen. Pero, así como Jari fue incapaz de resolver la avería y siguió cediendo segundos a puñados en Almodóvar (el tramo más largo del rallye con más de medio centenar de kilómetros), Ogier resolvió el asunto, devolvió el pulso de los miembros de su equipo a un ritmo saludable, volvió a correr con normalidad y, entonces sí, se dispuso a encarar -previo triunfo en la Power Stage- el camino final triunfal hacia el Estadio del Algarve, donde le esperaba una reala de fotógrafos ávidos por retratarlo de nuevo en lo más alto del cajón, escoltado por Mikko Hirvonen (especialista en enmendar, una vez más, su falta de ritmo con su habilidad para pescar en mar revuelto), y por su compañero Jari-Matti Latvala: dador, por fin, de su primer podio a beneficio de Volkswagen.
Portugal, el rallye que le vio ganar por primera vez en el Mundial, ha encontrado de nuevo su gran dominador en la figura de Sébastien Ogier. El galo ganó por tercera vez en el Algarve logrando, al cabo, su tercera victoria consecutiva de la temporada; un resultado que le coloca en una órbita ulterior dentro de la general del Mundial; merecida recompensa a un fin de semana en el que Ogier, a pesar de no encontrarse muy católico, supo gestionar (como su excelso tocayo en sus mejores años) el rallye con inteligencia, con sumo acierto, para superar cuantos inconvenientes y adversarios se le presentaron en el camino. Una vez más, nada ni nadie pudo tumbar al que es, a día de hoy, indiscutiblemente, el gran dominador del Mundial.
Clasificación Final Rallye de Protugal 2013:
1º- Sébastien Ogier (Volkswagen Polo R WRC)
2º- Mikko Hirvonen (Citroën DS3 WRC) +58"2
3º- Jari-Matti Latvala (Volkswagen Polo R WRC) +4´04"5
4º- Evgeny Novikov (Ford Fiesta RS WRC) +5´27"7
5º- Nasser Al-Attiyah (Ford Fiesta RS WRC) +7´43"5
6º- Andreas Mikkelsen (Volkswagen Polo R WRC) +9´39"8
7º- Martin Prokop (Ford Fiesta RS WRC) +15´04"2
8º- Mads Østberg (Ford Fiesta RS WRC) +15´43"6
9º- Khalid Al Qassimi (Citroën DS3 WRC) +15´56"9
10º- Esapekka Lappi (Skoda Fabia S2000) +16´21"0