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Sébastien Ogier ha comenzado el Rallye de Gran Bretaña de la peor manera posible: accidentándose en el primer tramo, celebrado junto a la costa, que los pilotos acometían con ruedas de tierra sobre un asfalto muy húmedo.
El francés ha llegado pasado a un curva y ha bloqueado los frenos, pero ha acabado empotrándose contra un muro, y arrancando una rueda de su DS3 WRC.
El equipo Citroën ha anunciado que Ogier se reenganchará mañana, aunque con la penalización correspondiente por las reglas del SúpeRally. El objetivo del francés en Gales era el podio, y, de paso, ayudar a que Loeb consiguiese el título. Pero ha metido la pata en el fango nada más empezar...