Jarro de agua helada para la afición española en la mañana luminosa de Faro...
Nos las prometíamos muy felices leyendo los parciales que estaba marcando Dani Sordo en el primer tramo de hoy (sábado), Santana da Serra (el segundo más largo del rallye con 31,12 km). El cántabro estaba volando en el Algarve: iba sumando segundos a pares a su ventaja sobre Latvala; le estaba recortando a Ogier casi toda la diferencia que le separaba de él en la general (4"4); rodaba a ritmo de scratch, enfilado hacia el liderato del rallye... La afición vibraba de ilusión en las cunetas, en las redes sociales. Todos nos hacíamos partícipes de un bonito sueño. Pero, lamentablemente, se ha desvanecido de pronto como un castillo de naipes...
En la penúltima sección del tramo, Sordo ha entrado un poco pasado en una curva rápida a izquierdas precedida por un rasante, su coche ha deslizado en exceso y el tren posterior ha sufrido un impacto lateral contra un árbol que ha arrancado la rueda trasera derecha y ha ha dañado el eje, arruinando así las esperanzas de Dani, y de toda la afición española, de asistir a un final feliz, muchas veces soñado, en un rallye donde el piloto cántabro estaba demostrando ser capaz de ganar en tierra (por más méritos propios que en el Acrópolis de 2009), de medirse de tú a tú con Ogier (como en el Rallye de Alsacia de 2011), de llevar al equipo Citroën en volandas hacia la victoria.
En Portugal, tan cerca de casa, con miles de aficionados españoles como testigos directos, se le ha presentado una ocasión ideal que, al final, por desgracia, no ha podido cuajar. Pero, sin duda, surgirán más oportunidades en los próximos rallyes. De eso estamos seguros. Ahora más que nunca, todos con Dani.