WEC

La categoría GT3 se arriesga a repetir un gran error del pasado de la resistencia

De dos tendencias muy peligrosas, una ya lleva tiempo cumpliéndose y la otra es cada vez más común

La categoría GT3 se arriesga a repetir un gran error del pasado de la resistencia

David Durán

Fotos: General Motors

Cuando se creó la categoría GT3, al igual que otras similares, la premisa es tan sencilla que va incluida en el título: GT, Gran Turismo, un tipo de coche muy concreto, modificado para correr en carreras de corta o larga duración. Una definición que encaja con un Aston Martin Vantage, un Ford Mustang hasta cierto punto o un Mercedes-AMG GT si miramos el perfil actual.

Pero lo cierto es que desde hace mucho, mucho tiempo, los GT3 han admitido muchos coches que no son GT, ni por asomo. O bien coches que derivan de GT, pero no lo son. El primer caso tiene como representantes al Ferrari 296 GT3 y al Lamborghini Temerario GT3 (así como sus respectivos antecesores, los 488 GT3 y Huracán GT3), literalmente superdeportivos adaptados a la categoría.

El segundo caso sería donde encajarían los 911 GT3 R o el Corvette C8.R. El primero, por ser derivado del 911 GT3 que un superdeportivo que a su vez deriva del 911 Carrera, que sí tiene más que ver con un GT como tal. En el caso del C8, las anteriores generaciones del Corvette son claramente Gran Turismo, pero con esta actual generación de motor central con versiones prestacionales se acerca mucho más a la idea de superdeportivo. En este caso se parte del Z06, mientras que el ZR1 y el ZR1X son clarísimamente superdeportivos por cifras de prestaciones.

Esto lleva siendo un problema de la categoría desde hace muchísimo tiempo. Pero ahora viene el otro: cuando se revierte la fórmula. Cuando primero se hace el coche de carreras y después, a modo de excusa, el coche de calle para homologarlo. Para el usuario del coche de calle tiene, por supuesto, algo alucinante entre sus manos, pero para la competición tiene serios riesgos.

Lo vamos a ver claramente con ejemplos como el Toyota GR GT y GT3, así como con el nuevo GT/GT3 de Genesis. Ambos con motor V8 y creados claramente con la misma intención. Y es que esto no se diferencia mucho de lo que pasó hace más de 30 años, cuando se creó originalmente la idea GT1, donde la idea era que coches como los Ferrari, Lotus, Bugatti, Jaguar, Lamborghini o McLaren de calle se convirtieran a coches de carreras.

En su lugar, pasó justo al revés. Se desarrollaron coches de carreras, haciendo una ligera adaptación para poder matricular al menos una unidad de calle y recibir la homologación. Dauer fue el primero en darse cuenta con su 962, tomando el Porsche 962 del Grupo C, modificándolo para que se pudiera matricular y de nuevo hacerlo coche de carreras. Otros, naturalmente, siguieron esa idea, como Panoz, Porsche o Mercedes. El caso de Toyota fue bastante peculiar con el GT-One TS020, dado que se necesitaba tener un maletero. Y, como tal, lo tenía, pero no: el depósito de combustible, si se vaciaba…tenía sitio para una maleta, que era lo que se pedía en el reglamento.

Esto desató que se desvirtuase la idea, así como los presupuestos, llevando al fin de los GT1 a finales de los noventa. Aquí se añade el riesgo de ser una categoría mundial, sí, pero de coches cliente que corren en campeonatos de todo el mundo. Es decir, un riesgo que ya ocurre, el de costes que se disparan hasta necesitarse presupuestos de muchos millones para correr con ellos.


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