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Antes de afrontar una nueva aventura en el Dakar, el que será su gran reto la próxima temporada junto a su anunciada participación en el Mundial de Rallyes con un tercer Citroën DS3 WRC oficial, Nasser Al-Attiyah se adjudicó el pasado fin de semana su séptimo entorchado en el campeonato FIA del Medio Este.
El catarí empezó el Rallye de Dubai, última prueba del calendario, con problemas, ya que dañó la suspensión delantera y la dirección de su coche al impactar contra un árbol cuando trataba de encontrar la meta del primer tramo, que la organización había colocado en un lugar equivocado.
Al-Attiyah tuvo que penalizar dos minutos para poder reparar los daños causados por el golpe, y, como consecuencia de ese retraso, acabó la primera jornada en cuarto lugar, a 46"9 del líder Al Ketbi. Con clasificarse entre los siete primeros de la general le valía para asegurarse el título. Pero, lejos de conformarse, Nasser quería hacerse con el campeonato a lo grande, ganando el rallye. Y así lo hizo.
Dicho y hecho, en la última etapa Al-Attiyah corrió de lo lindo con su Ford Fiesta S2000, marcó los mejores cronos, escaló al liderato a dos tramos para la conclusión, y acabó cumpliendo el doble objetivo que se había marcado: lograr su séptima victoria en Dubai -la cuarta de la temporada para él en otras tantas participaciones en este certamen-, y proclamarse, a su vez, heptacampeón del campeonato FIA del Medio Oeste, unas series que ya había ganado en 2003, 2005, 2006, 2007, 2008 y 2009 -el año pasado se le escapó por solo cuatro puntos de diferencia respecto a su compatriota Misfer Al-Marri-.
Con este título, y la victoria de hace dos semanas en la Baja de Catar, Al-Attiyah cruzará el charco rumbo al Cono Sur con la corona de rey del Dakar guardada en la maleta, y cargado de moral para intentar prolongar su reinado.