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La rivalidad entre Loeb y Ogier que hizo correr ríos de tinto durante la primera mitad del campeonato, parece haber sufrido un cambio drástico después de la reunión que los dos pilotos mantuvieron con la cúpula de Citroën tras el Rallye de Alemania, donde se vivió el último encontronazo directo de su litigio.
El otro día, unas declaraciones de 'Seb' al diario 'L'Equipe' volvieron a avivar la hoguera; pero, enseguida, el alsaciano se apresuró a dulcificar sus palabras, asegurando que, para él, "este asunto está cerrado".
Ahora, Ogier llega a la cita final, al Rallye de Gran Bretaña, sin opciones de ganar ese título que soñaba con alcanzar en su primera temporada como piloto del equipo titular de Citroën. El accidente de Australia mermó sus posibilidades, y la rotura de motor en España acabó descartándole definitivamente.
Por tanto, su labor en Gales debe ser, ante todo, de compañerismo: poner su granito de arena para que Loeb -el "objetivo" del chico de Gap cuando tenía más predicamento del equipo, hace tan solo unos meses...- consiga su octava corona mundial. Y en ésa línea se ha expresado el francés.
"Como el título de Constructores ya se ha logrado, podré correr sin la presión de tener que marcar puntos para el equipo. Acabar en el podio sería un buen resultado para mí. En cuanto al Mundial de Pilotos, Seb (Loeb) quiere acabar por delante de Mikko (Hirvonen). Pero, si las circunstancias lo exigen, es evidente que haré todo lo que pueda para ayudarle a que consiga el título", ha señalado Ogier. ¿Cumplirá su palabra...?