La figura de Petter Solberg está empezando a asemejarse a la de un caballero andante, capaz de sobreponerse a todas las dificultades que le asaltan por el camino, movido por el deseo de cumplir su sueño.
No le está resultando fácil al piloto noruego mantener a flote su equipo, la estructura privada que decidió poner en marcha en 2009 para seguir luchando por las victorias y los títulos. El pasado año acabó consiguiendo el subcampeonato. Pero la ansiada victoria se le sigue resistiendo... Y los malabarismos que tiene que hacer Petter para tener contentos a los patrocinadores, suman varios renglones más a la lista de obligaciones de un piloto que debe ser el más hábil, tanto en los tramos como en los despachos. Le gustaría volver a ser piloto oficial de una marca -ha sonado como candidato al segundo volante de Citroën si Ogier se marcha definitivamente a Ford-. Pero, mientras tanto, él sigue luchando...
Ahora, uno de esos apoyos con los que contaba se ha bajado del carro. Y, para completar el presupuesto necesario para correr los dos últimos rallyes, Catalunya y Gran Bretaña, el pequeño de los Solberg tendrá que tirar de sus propios ahorros.
"No me preocupa mucho, ya que si me muero con el dinero en la tumba, no me servirá de nada. En cambio ahora lo voy a gastar en lo que me hace feliz. Tengo una gran pasión por ésto. Sigo siendo rápido y quiero volver a ganar. Yo no me doy por vencido". Así de claro ha hablado el noruego, un verdadero apasionado de los rallyes, que, con casi treinta y siete años, conserva la ilusión de un principiante.