La semana que viene dará comienzo la segunda parte de la temporada en una orografía privilegiada: los deslizantes y espectaculares caminos de gravilla del Rallye de Finlandia, una prueba muy emotiva para los pilotos suomis, el escenario donde han soñado con ganar desde críos.
Uno de ellos, Jari-Matti Latvala, ya cumplió ese sueño el pasado año. El piloto de Ford es consciente de que, con tres rallyes de asfalto (Alemania, Francia y España) por delante de un total de seis, este año será muy complicado cumplir otro de sus deseos, ser Campeón del Mundo, y ya ha dejado claro que su objetivo en las próximas citas será ayudar a Ford a conseguir el título de Constructores, y colaborar en la medida de lo posible con su compañero Hirvonen en su lucha por el Mundial. Pero una nueva victoria en el Mil Lagos sería probablemente la mejor recompensa del año para un piloto tan emotivo como Latvala.
El finlandés estuvo rodando esta semana en los tramos de su país con el Ford Fiesta RS WRC. Ahora tendrá que aprender a volar con este coche, adaptarse a las medidas de su nueva montura para poder coger un ángulo controlando el sobreviraje con la misma maestría que lucía al volante de su antiguo Focus. El año pasado alcanzó la hazaña. Este año está en condiciones de repetirla. Volver a consagrarse en una escenografía reservada a los mejores sería la satisfacción más grande del año para un hombre que vive de mitos y sueños.