Finalmente, Mikko Hirvonen ha vuelto a casa por Navidad...
Una vez cumplido su discreto bienio en Citroën con más pena que gloria -tan solo una victoria en dos temporadas: Cerdeña 2012-, el piloto de Jyväskylä ha decidido aceptar la oferta de M-Sport y regresar a la vera de Malcolm Wilson, su gran valedor, el hombre que le designó como piloto oficial Ford en 2006, para que se forjase como subalterno de su compatriota Marcus Grönholm, antes de designarlo como jefe de filas del equipo dos años después.
Hirvonen ha emprendido el camino de vuelta de ese viaje a Versalles que, quizá, nunca debería haber hecho. Ya está de nuevo en casa, en el equipo de sus amores. Con los chicos de Dovenby Hall. En la estructura con la que sumó en el pasado 14 victorias; dos de ellas (Suecia y Australia 2011), con un Ford Fiesta RS WRC como el que deberá volver a pilotar la próxima temporada.
A sus 33 años, Mikko tiene ante sí tal vez una última oportunidad de conseguir algo grande en el Mundial de Rallyes. Para ello deberá reencontrarse consigo mismo. Rememorar los éxitos pretéritos. Y, sobre todo, intentar volver a ser el que fue.